Por: Esteban Rodríguez (Ginecólogo)
Desde  los sectores ideológicos proabortistas o prodecisión abortista se argumenta que con esta nueva ley socialista de aborto, que impone un modelo ideológico a toda la sociedad, no se obliga a nadie.
 
Sin embargo, si no renunciamos a movernos en un escenario  científicamente verdadero, sabemos que en todo aborto provocado hay un ser humano que muere, otro ser humano que mata y, una madre que sufre las consecuencias.
 
Por ello esta ley, que concede el poder legal para decidir que un médico de la sanidad pública tenga la obligación de facilitar o practicar la  ejecución de un hijo indeseado antes del parto, al contrario de lo que vende, obliga a demasiados.
 
Obliga a los niños que se gestan a morir cuando su progenitora lo exija con el único requisito de que se le dé un sobre cerrado, lo piense durante tres días y su hijo no haya rebasado el arbitrario límite de las 14 semanas de vida. Por encima esas 14 semanas de vida, y sin límite alguno hasta un día antes del parto, les obliga a morir, ante la solicitud voluntaria de su progenitora, cuando unos médicos hayan dictaminado enfermedades, anomalías o discapacidades durante el embarazo o peligro para el equilibrio mental de la madre, sin que los intereses del niño sean protegidos ni defendidos por nadie. Si su madre renuncia a defenderlo el hijo está perdido, este gobierno ha conseguido que el Estado deje sin protección a los seres humanos más vulnerables.
 
También obliga a los médicos a ser los “matadores” y a cooperar como “delatores” de un inocente, acusado de perjudicar los intereses de su madre, mediante su "implicación directa" en las distintas fases de un proceso contrario a la deontología y a la ética médica, frente al que solo podrán objetar si son los verdugos que desentrañen al hijo. Obliga a los estudiantes de medicina a estudiar técnicas homicidas y a los escolares a ser adoctrinados en la ideología de que matar a los hijos antes de nacer es un derecho. Tampoco, ni padres, ni estudiantes, ni escolares, tendrán derecho a objetar; sus derechos fundamentales serán pisoteados por los poderosos , como medio de imponer una doctrina social a todo un pueblo.
 
Pero la pretensión de que la eliminación de hijos no deseados por la progenitora se haga en la sanidad pública o en centros acreditados a cargo los presupuestos del Estado, nos obliga a todos a pagar a los empresarios abortistas y los abortos sin posibilidad de una casilla en la declaración de la renta, convirtiendo en cómplice a toda la sociedad.
 
 
Un pueblo que ampara, promociona y subvenciona la matanza de sus hijos antes de nacer es un pueblo cruel y decadente abocado a la crisis.  Matar a los hijos en el vientre materno siempre fue una pretensión de los enemigos de un pueblo. Así quedó reflejado en el verso 55 del canto VI del poema escrito más antiguo de la literatura occidental: La Ilíada de Homero:
 
“Ah, bondadoso! ¡Ah Menelao! ¿Por qué así te apiadas de los hombres? ¡Excelentes cosas hicieron los troyanos en tu palacio! Que ninguno de los que caigan en nuestras manos se libre de tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre lleve en el vientre, ¡ni ése escape! ¡Perezcan todos los de Ilión, sin que sepultura alcancen ni memoria dejen!”
 
¿Quiénes son los enemigos de nuestro pueblo?
 
Esteban Rodríguez
Ginecólogo