Autor: Glenm Gómez


Pocas figuras provocan tanta animadversión como Paul Joseph Goebbels, el famoso ministro de propaganda del Tercer Reich. Su capacidad de influir en el comportamiento de las masas, promoviendo odios y manipulando conciencias, sigue siendo un referente obligatorio en la historia de la comunicación.

 

Campaña contra la Iglesia

 

Este personaje, además de ser parodiado el año pasado en la película “Bastardos sin gloria”, del director Quentin Tarantino, ha sido retomado por el sociólogo italiano Massimo Introvigne, a fin de recordar la campaña  que dirigiera para desacreditar a la Iglesia Católica: “El 10 de marzo de 1937 con la encíclica Mit brennender Sorge, (con viva preocupación)  Pío XI condena la ideología nazi. A finales del mismo mes, el Ministerio de la Propaganda guiado por Goebbels lanza la campaña contra los abusos sexuales de los sacerdotes”.

 

Mientras el Papa  advertía a la juventud, indiscutible blanco del nazismo: “La prensa y la radio os inundan a diario con producciones de contenido opuesto a la fe y a la Iglesia, y sin consideración y respeto alguno atacan lo que para vosotros debe ser sagrado y santo” (Cf. MBS Nº 32);  Goebbels, maestro  de la “exageración y desfiguración”, a partir de unos pocos casos, diseñó una campaña para presentar la supuesta crisis moral colectiva en la Iglesia.

 

La “generación de opinión” acentuaba, entre otros aspectos, el “principio de la vulgarización”, a saber: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar…”

 

Como fruto de esa estrategia se desprende este discurso: “Casos de abusos sexuales salen a la luz cada día contra un gran número de miembros del clero católico. Por desgracia, no se trata de casos individuales sino de una crisis moral colectiva en una dimensión tan horrorosa y desconcertante como quizá la humanidad nunca ha conocido. Numerosos sacerdotes y religiosos son reos confesos. No hay duda de que los miles de casos que han llegado al conocimiento de la Justicia representan solo una pequeña parte del total, ya que muchos abusadores han sido cubiertos y ocultados por la Jerarquía”…

 

 A propósito de esta diatriba, Massimo Introvigne, irónicamente, sugiere: “¿Un editorial del New York Times del 2010? “No: un discurso del 28 de mayo de 1937 de Joseph Goebbels”.

 

Francamente, la Iglesia alemana conocía los pocos casos y, de forma enérgica, los había repudiado. El obispo Clemens August von Galen (1878-1946) beatificado por Benedicto XVI el año 2005,  pidió transmitir a los fieles una declaración en la que expresa “el dolor y la tristeza por los abominables delitos que arrojan ignominia sobre nuestra Iglesia” y, de hecho, no era la primera vez que un obispo, o el episcopado alemán, condenaran públicamente a los responsables de estos actos, ofreciendo, inclusive, la colaboración de la Iglesia con los tribunales estatales.

 

Destaca Introvigne: “De los 325 sacerdotes y religiosos detenidos después de la encíclica solo 21 fueron condenados. Y es casi seguro que entre estos había inocentes calumniados. Casi todos acabaron en campos de concentración, donde muchos morirán”.

 

Con relación a la actual crisis, suscitada por los abusos sexuales contra menores por parte de clérigos, pareciera que, quien pida mayor discernimiento y precisión, le resta importancia a un problema  que,  según el mismo Benedicto XVI, sólo con valentía y determinación, puede ser sanado.

 

Sin embargo, no podemos negarnos a analizar el contexto y las intenciones presentes en el debate público para realizar un diagnóstico claro y encontrar remedios eficaces. Por lo pronto, en esta situación coyuntural, son muchos los que, al mejor estilo de Goebbels, están empeñados en sacar su propia tarea…

 

Sin duda, como enseña Cervantes: "Es la historia madre de la verdad, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”.


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