Autor: Eusebio Nuño Romero


No somos imbéciles los españoles para saber leer y comprender el BOE y donde dice lo que dice, pues es lo que dice y no dice otra cosa, que ya es decir:  El Rey manda guardar y hacer guardar una ley inicua que viola gravemente el orden moral. Ante esto, personas como por ejemplo Juan Manuel Albendea,  Vicepresidente de la Comisión de Justicia del Congreso de los diputados de España, afirman que la sanción real es un trámite constitucional automático e ineludible, lo cual es como poco discutible con argumentos de autoridad. Y, por lo que respecta a afirmaciones sobre que el Rey no debe tener en cuenta otras consideraciones que las legales está equivocado él y quien lo diga pues como católico está obligado, aún de manera singular, a ser coherente con la Fe que dice profesar, aunque sea pecador como todos. Si fuera así, si sólo consideráramos la legalidad  para  acatar una norma, obedeceríamos mandatos de matar judíos o exterminar disidentes del comunismo sólo por ser normas legales. Y, por lo que respecta al derecho a la vida, derecho humano universal sin el cual no hay ningún derecho,  y al mandato divino de No matarás, los católicos y los no católicos coincidimos en el derecho y la moral natural  Es verdad que los católicos, todos del Rey abajo, debemos ser ejemplo de buenos y cumplidores ciudadanos pero si se nos obliga a elegir hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. 

Los argumentos jurídicos sobre el derecho de veto real están sacados, entre otros, de reputados catedráticos de derecho constitucional, a los que podemos añadir los contundentes argumentos expuestos en su día por Gregorio Peces-Barba y Miguel Herrero de Miñón, ambos dos ponentes, de distinta adscripción ideológica, del texto constitucional, por tanto con un peso de autoridad moral e intelectual sobre lo escrito superior a muchos. Supongo que sabrán ellos mejor que muchos lo que escribieron y por qué lo escribieron. Que no se haya ejercido o no haya costumbre no significa que el derecho de veto no exista y no impide que quede claro que no tiene la ley validez hasta sanción real. Se entiende que el Rey no puede estar juzgando cada ley, pero aquí no hablamos de una ley cualquiera...¡ Hablamos de la consagración como derecho de la liquidación del primer derecho, ¡SIN EL CUAL NO EXISTE NINGÚN DERECHO! A partir de aquí, todo vale y el fundamento o cimiento de vida social civilizada se ha roto.

´´ignorantia iuris non excusat´´,  ni del civil ni del penal ni del derecho canónico,..

Existe el derecho de veto real, repito, y lo enseñaron y explicaron ¡¡¡ponentes constitucionales!!!, entre otros:

1.- Estudio sobre el Rey y las Fuerzas Armadas de Miguel Herrero de Miñón, en la parte que se refiere al llamado´´ poder de impedir del Rey por la negación de su firma´´ ( ´´Revista del departamento de derecho político ´´, Universidad Nacional de Educación a Distancia, n 7, otoño 1980, pág. 47 para ser más precisos)

2.- (...) para evitar su uso (el veto) -´´jurídicamente lícito, aunque políticamente imposible´´- la Monarquía renuncie a ella y se convierta en una monarquía republicana´´ donde tal facultad no exista (Gregorio Peces-Barba y otros, La izquierda y la Constitución, págs, 56-61)

Por su parte, un catedrático de prestigio (Eustaquio Galán y Gutiérrez, catedrático en la Universidad Complutense) poco después de aprobarse la Constitución escribió:

´´ Interpretar asimismo que el articulo 91 (...) impone al Rey la obligación de sancionar las leyes, es asimismo falso, pues para ello tenía que decir que ´´el Rey sancionará obligatoriamente en el plazo de quince días las leyes aprobadas por las Cortes Generales´´, y no dice ´´obligatoriamente´´ ni usa locución equivalente. De modo que ese artículo sólo le señala al Rey un plazo para sancionar, si quiere. Pero nada dice para el caso de que el Rey no quisiere sancionar, o sea, que respeta clara, aunque implícitamente, el derecho de veto real. ´´Y para colmo de la confirmación de que el Rey tiene potestad legislativa, al artículo 90 se le escapa decir literalmente - y así es- que antes de la sanción del Rey, todavía no hay ley sino sólo proyecto de ley. Y esto constituye una prueba contundente de que la sanción real perfecciona la formación de la ley, de que es el acto culminante del proceso legislativo que convierte en ley lo que antes sólo es un proyecto de ley, y no como sostiene (...), un trámite irrelevante y automático"

Sería evidente que matar judíos es una indignidad. Pues con esta ley es evidente que, entre otros, se puede matar judíos y de todo, con la única diferencia de que no se espera ni a que asomen la cabeza... Y con la tecnología y la ciencia de hoy día no se puede alegar ignorancia. Las avestruces, los ciegos y los idiotas pueden seguir no viendo las evidencias. Ante Dios se tapan los ojos... y los oídos. Y sí, el Evangelio es el que es, es el que habla de que habrá prostitutas que precederán en el Reino de los Cielos a muchos, entre otras cosas. Se diga o se calle, el Rey tiene conciencia, y aunque no lo diga lo que piensa, la conciencia irá con él a todas partes, no podrá huir de ella y le quedará el gusanillo por dentro que le perseguirá, lo quiera o no, salvo que ya la tenga cauterizada. Y sí, me intento poner en su lugar y en el de muchos pero es que no puede ser posible callar, porque clama la muerte de inocentes, pobres entre los pobres, al cielo y si no se habla gritarán las piedras.

Nadie dijo que la situación creada fuera fácil, pero es cierto que el Rey no ha mostrado ninguna opinión. Con la economía ha llamado a unos y otros, con esto no se le conoce el movimiento de ningún músculo. Ciertamente, muchos obispos españoles son extraordinarios, pero callan ante esto, salvo Monseñor Reig hasta ahora, esa es la realidad. Y Santo Tomás ya dijo que en ocasiones callar es suma imprudencia. Y podríamos recordar qué dice al respecto la regla pastoral de San Gregorio Magno, o lo que opinaría San Ezequiel Moreno, santo obispo, o San Antonio María Claret o Santa Teresa, que bien clarito hablaban cada uno al Rey, o Reina, que les tocó en suerte. O lo que dice el Evangelio....

Si, es difícil, a veces la historia obliga a pasar el Rubicón y quemar las naves aunque no estuviera previsto ni se quiera ni se desee y se tenga miedo a las consecuencias. Callar, salva muebles a corto plazo quizás, pero causa graves daños irreparables después. Entonces se pedirá cuentas a los que callaron. Y, ciertamente, incluso aunque fuera un imperativo legal para el Rey firmar, algo ya explicado como más que dudoso, el Rey debería dejar clara su opinión sin miedo. Y no pasaría lo que si pasará por su silencio. Como no pasó nada más que un cabreo de los progresaurios cuando la Reina dijo lo que pensaba en un libro.

Pues que haga el Rey otro tanto o lo diga como quiera pero que lo diga, si es noble y digno Rey de España que ahora lo tengo en duda hasta que jure que defiende el derecho a la vida. Todos, sin excepción, tienen derecho a la vida (artículo 15) y eso por mucho que lo adornen manda el Rey que se haga de otra manera. Quiero un rey para España, y digno, no un robot automático que funcione teledirigido pues mal servicio hace a España y resulta lesivo incluso para la propia dignidad personal de su Majestad.

¡¡Majestad, reaccionad!!! La trampa no es nuestra, sino de Zapatero y no quiero pensar que usted sea, o quiera ser, cómplice de un proyecto que busca enfrentar, dividir, y arruinar España, económica, institucional, y moralmente.

Aquí, QUIEN CALLA, OTORGA


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