Qué duda cabe que todo ser humano anhela la felicidad. Y la busca, quizá luchando por un buen trabajo, una salud favorable o un matrimonio estable.

Sin embargo, la felicidad de los que un día serán nuestros mayores está en juego y corre el peligro de no prosperar. Ello es debido, entre otras cosas, a que la legislación anticatólica está favoreciendo hábitos de conducta que llenan a las personas de vacío. Y lo hace con los actuales estudiantes, con campañas escolares promovidas por organizaciones anti-Dios, como La Cagiga, CIPSA, Irudi Biziak, Dance4life, etc.

La Asociación para la Defensa de los Valores Católicos en la Enseñanza quiere informar de que en estas actividades escolares, los chavales, contando muy pocos años, reciben una información que les mueve a adquirir unas conductas frívolas con el sexo. Adiós a la castidad, al pudor, a la fidelidad o a la entrega total y en exclusiva al cónyuge. Es duro pensar cómo podrá exigirse fidelidad matrimonial cuando desde pequeños los estudiantes van llenando sus mentes con actitudes depravadas. Y todo ello con el consentimiento de algunos padres que, por omisión o haciéndose los tontos, no quieren complicarse la vida y lo permiten; otros desgraciadamente no se enteran, aunque se informen de los contenidos curriculares, porque buena parte de las actividades de clase no aparecen en la programación o porque algunos docentes improvisan para no ser cazados. Cuando el alumno informa a sus padres el daño ya está hecho. No olvidamos tampoco a algunos malnacidos profesores que, en abuso de sus competencias, no dudan, por ejemplo, en mostrar en clase un vídeo pornográfico.

La educación afectivo-sexual, iniciada en la escuela hace unas dos décadas, comienza a traer multitud de dramas personales relacionados con aspectos cruciales como matrimonios que se rompen fácilmente, personas hastiadas con sus insaciables experiencias sexuales a las que no encuentran un verdadero sentido, traumas post aborto o desprotección en que queda toda persona a la que le falta una verdadera familia. Ésta pseudo-educación no respeta a los niños, pobres inocentes, y tampoco a sus padres.

Observando personas felices se comprueba que la felicidad no es pasión desenfrenada, lujuria o práctica sexual libertina, sino que surge como consecuencia de la templanza, de la castidad, del amor verdadero que cantan muchos famosos en sus canciones.

En el futuro, los jóvenes de hoy sentirán que carecen de algo, echarán en falta determinados valores que personajes como Pajín les han robado. Cuando estos jóvenes se sientan tristes, deprimidos, sin un plan de vida serio, ensuciados con una falsa educación afectivo-sexual, ¿quién les indicará cuál es la fuente de tal vacío? ¿los actuales educadores responderán de sus hechos o mirarán para otro lado? A nosotros que no nos pregunten, pues acabamos de dar las claves: las políticas sobre educación afectivo-sexual, sobre ideología de género y otras, están robando la verdadera felicidad y si no, al tiempo.
 

Jorge Calandra Reula. Presidente de la Asociación para la Defensa de los Valores Católicos en la Enseñanza. ADVCE.