Autor: Carlos Pérez- Roldán y Suanzes. Abogado, Vicepresidente del CJTM.

Ya es por todos conocidos que vivimos instalados en una profunda crisis económica. Algunos, sabemos que esta crisis económica ha sido un efecto de la crisis moral en la que vive instalada occidente desde hace décadas. Ahora bien, ¿la crisis económica, será la catarsis colectiva que necesitábamos para superar la profunda crisis moral? A mí no me cabe duda alguna.
 
Pongamos un ejemplo. Recientemente, investigando sobre el preocupante incremento de casos de Sida entra los menores de edad, llegó a nuestras manos la revista “entiendes?” editada por la organización de lesbianas y gays COGAM. En su editorial del mes de noviembre, el editor de la mentada revista manifestaba su rotundo malestar, y nuestra fundada esperanza (añado yo),en el futuro.
 
Efectivamente, el editor de la revista decía textualmente “son momentos duros los que estamos pasando en COGAM …las presiones que estamos recibiendo a través de la eliminación de subvenciones por parte de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid hacen que no lleguemos a donde llegábamos”. Es decir, todo queda dicho, COGAM como cientos, o tal vez miles, de asociaciones y ONG, se había acostumbrado a vivir de las prebendas públicas, o dicho castizamente, se habían acostumbrado a la sopa boba.
 
Claro, visto así, parece que el fin de la subvencionitis únicamente nos reportara la desaparición de estas asociaciones, fin por cierto, que ya es una buena noticia. Pero analicemos más en profundidad, ¿por qué el poder público alimentaba a todas esta constelación de paniaguados? La explicación es clara. En un sistema democrático si lo importante es el sentir mayoritario, es la dictadura del número, lo mejor para el político de turno no es acatar lo que la mayoría opine, sino trabajar porque esa mayoría adapte su pensamiento a lo que previamente ha concebido dicho prócer.
 
En este forma de concebir la democracia, las asociaciones subvenciodependientes eran los instrumentos para poner en funcionamiento la maquinara creada por los ingenieros sociales. Así, una minoría debidamente remunerada se permitía el lujo de tener una presencia en los medios de comunicación por encima de su propio peso en la vida social. Recibir dinero público, implantar campañas agresivas  de marketing tratando de vender lo que la mayoría de la sociedad no estaba dispuesta a comprar, y penetrar en el tejido social más permeable, la infancia y la juventud, todo era uno.
 
Pues bien, la crisis, el agotamiento de las subvenciones, y el fin de la sopa boba, deberían permitir que la sana sociedad civil recupere el espacio que nunca debería haber perdido, y que los altavoces minoritarios subvencionados apaguen sus voces, para que todos escuchemos la voz de la verdadera sociedad española.
 
Risible, si no fuera una tragedia, resultan las palabras del editorialista de la revista patrocinada por COGAM al decir que “la realidad es que a día de hoy tenemos que decir que los resultados de las infecciones por VIH van en aumento. Cada semana, desde COGAM, tenemos que enfrentarnos a la dureza que dan los resultados positivos que tienen los usuarios… en COGAM cada vez, se dan más casos de personas seropositivas… nos resulta duro ver como jóvenes de menos de 20 años tiene VIH”. Sin duda alguna, en esa realidad ha contribuido cientos de campañas subvencionadas con nuestro dinero, donde se fomentaba entre la juventud conductas de riesgo, como el sexo temprano, la banalización de las relaciones sexuales, el fomento de la promiscuidad, o el fomente de la homosexualidad.
 
Que diferencia entre el asociaciones lucrativo, y el verdadero asociacionismo que encuentra sus raíces en el principio de subsidiariedad; ahora COGAM dice empezar a estudiar otras formas de actuación a través de voluntarios… empezáramos antes, bienvenidos a la libertad, pues así hemos trabajado, y seguiremos trabajando, miles de asociaciones que  por principios hemos renunciado a los fondos públicos para conservar nuestra libertad, miles de asociaciones que a diferencia de COGAM no han mermado su actuación en tiempos de crisis, sino que han incrementado su presencia social, como paliativo a la profunda crisis moral y económica del país.