La consulta notarial.

publicado a la‎(s)‎ 2 ene. 2010 14:18 por Tomás Moro   [ actualizado el 24 ene. 2010 7:32 ]

AUTORES:

 Galo Alfonso Oria de Rueda y Elía.
 Marta Molins García-Atance.
 Ambos Notarios.


El carrillón del despacho espetó las seis y con su voz ronca me sacudió el frío psicológico de aquella tarde de invierno. Se abrió la puerta.

- Adelante por favor , tome asiento – dije al nuevo cliente.
Era un muchacho joven , de aspecto atribulado.
- Me llamo Max ; -¿Es usted el Notario?, Preguntó.
- Eso dicen algunos. – Bromeé. Tras veinte años de ejercicio profesional en el mismo pueblo casi todos los vecinos habían tenido algún trato conmigo.
- Usted dirá .- Le dije expectante.
- Verá, mi novia está embarazada. – Balbuceó.
- Sí. ¿ Y bien? – Contesté sin darle importancia alguna.
- Verá , no sé …., yo soy muy joven , ¿sabe? Tengo toda la vida por delante y ya me entiende. Quiero saber qué consecuencias puede traer esto para mí. – Inquirió.

- Entiendo que se refiere a las legales.- Apunté. – Bueno, es largo de explicar, intentaré resumirle y que lo entienda, si me permite decirlo así. Supongo que se refiere al supuesto de si el niño, su hijo, nace. Bien, pues podrían reclamarle la paternidad, o sea , dejar establecido que usted es el padre; usted tendría que darle como se decía antes, o mejor dicho, el niño tendría derecho a llevar sus apellidos; usted tendría obligación de asumir los deberes legales propios de la patria potestad; el niño tendría derechos a la herencia de usted en su día, también derecho de alimentos………. en fin , considere que se es padre de por vida. Como ve la cuestión es compleja, puede afectarle , y mucho.
- Oiga , ¿Habría alguna posibilidad de hacer que mi novia abortase? Preguntó.
- Bueno, si ella lo desea , no creo que haya problema. Respondí.
-¿Y si no es ese el caso?
- Verá , entonces creo que su problema tiene difícil arreglo. Las leyes parten del principio de que a usted esto , o no le afecta o le afecta de forma irrelevante.
-¡ Ya! ¡Já! Profirió.
- En cualquier caso , proseguí – si me permite un consejo, -y con todo respeto, le diré que huir de los problemas no ayuda en la vida, aunque esto , y perdóneme, no sea asunto mío.

Vi que el muchacho , aun percibiendo mi buena voluntad , se había arrepentido de haber venido a consultar, se percató de que no había papeles que , de ser el caso, pudieran salvarle y, por otra parte , no había hecho sino escuchar lo que desde su abismo de desasosiego sospechaba. Se marchó apresuradamente. Confieso que me dio cierta pena y en qué pensar. ¿ Era suya toda la responsabilidad de la situación que ahora lo sobrecogía? Y si no lo era ¿qué otros responsables había? ¿Porqué la leyes no se ocupaban de él de ninguna forma? Era un convidado de piedra que se sentía burlado. Lo mismo que se le había vendido era lo que le había quebrantado. Y ¿Quién se lo había vendido? Todos lo sabemos. Y el lucro y el miedo a iguales partes, como en un matrimonio bien avenido , ya desde el principio lo habían sentenciado. Y me acordé de la ingenuidad de Pinocho , y también de esas personas innominadas , siempre omnipresentes en los primeros planos de los medios de comunicación que gritan – no se sabe a quien – que abortar es un derecho exclusivo de la mujer ejercido sobre su propio cuerpo, y que a nadie más interesa. Y pensé sobre si estos planteamientos serían compatibles con la igualdad constitucional de hombre y mujer; y sobre la ilusión , que aunque no se cuenta ni da réditos,nos permite respirar ; y en otras consideraciones que , por excesivamente jurídicas, ahora no son del caso. Y mientras andaba enfrascado en estas cavilaciones sobre la pobre criatura y el admirable valor de su madre se abrió de nuevo la puerta del despacho.

- Hola Ramón. – Me saludó Estrella, una antigua compañera de la Facultad de Derecho.

- Teniendo en cuenta nuestra amistad he venido a hacerte una consulta. Verás, …..mi hijo ha muerto. – Se tapó la cara con un pañuelo para ocultar las lágrimas. Extendió la mano temblorosa y me entregó la copia de un testamento.

- Bueno, querida amiga, el testamento es claro, aquí tu hijo dejó herederos a los hijos que dejare a su fallecimiento, y en su defecto, si no los hubiere, a su esposa. ¿Qué es lo que te preocupa?
- Mi hijo estaba casado, y por él supe que mi nuera está embarazada. Ahora ella pretende abortar. ¿Es posible? – Inquirió.
- Creo que sí. Lo siento.

- Oye Ramón , tu sabes que la vida me ha llevado por otros derroteros profesionales , pero de cuando estudiábamos juntos en la Facultad recuerdo que la Constitución protegía el derecho a la vida. ¡Oye! , que los Romanos, hace dos mil años ya protegían con sus leyes al niño cuando estaba en el vientre de su madre, y… todavía podría recitarte el artículo del Código Civil que dice que al niño concebido se le tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables. ¿NO? Y acuérdate
de los que tratan de la viuda encinta. ¿Qué me dices? ¿Cómo va a tener el niño derecho a heredar a su padre si no lo tiene a vivir?

- Bueno. No sé como explicártelo. Ten en cuenta que tras ciertas reformas legislativas nos encontramos con leyes , o mejor dicho instituciones, que chocan unas contra otras. Date cuenta que tu pretensión – completamente justa a mi juicio – no encaja muy bien con el hecho de que sea legal vender medios o productos abortivos al público, o con que el Código Civil no recoja explícitamente como causa de incapacidad o indignidad sucesoria el aborto provocado por la madre que desvía la herencia en favor de terceros , e incluso del abortante, como va a ocurrir en el caso de tu hijo; y perdóname la franqueza. Imagínate la de situaciones horrorosas que se deben dar. Debes considerar también que la política legislativa – si Dios no lo remedia – pretende una ley de plazos, esto es , legalizar un aborto abstracto, sin causa legalmente tipificada; lo cual , y sobre el papel aún es peor que un aborto legal de causas típicas en un sistema donde estas no son controladas debidamente. ¿Me entiendes?. Y fíjate , ya puestos a la verdad, que resultaría necesario regular un Libro Registro de Abortos provocados , a fin de que las instituciones hereditarias no quedasen burladas de forma grosera. Nunca la vida ha valido mucho , Estrella; y ahora tampoco.

- Estrella me miró perpleja.
- Quiero decirte -proseguí- que si no hay un control legal de los abortos ¿cómo se va a saber en qué casos la abortante ha  heredado como consecuencia de sus propios actos , y por tanto , en qué casos debe quedar privada del derecho a heredar? Y por otra parte Estrella, esto al lado de quedarte sin nieto, parece de nula
importancia. En fin, imagínate, en un millón de abortos quirúrgicos que llevamos provocados en España , y no sé en cuantos más que no pasan por quirófano. No creas que no habrá habido casos como el tuyo.

Estrella me entendió . Estrella se marchó.

Todavía estaba pensativo cuando se abrió por tercera vez la puerta del despacho. Era Del Valle , otro compañero de la Facultad. Venía a saludarme.

Hablamos de los viejos tiempos y convinimos que , más que viejos , eran distantes.
- Amigo – me dijo – no estás a los tiempos, hoy lo que manda, y no menos que otras veces, es la ley positiva, lo que el poder establecido decide, acuérdate de aquello de que el juez es la boca de la ley, independientemente de lo que esta diga.
- Mira, le respondí, tú y yo vivimos del Derecho y te recuerdo que nuestra Facultad se llamaba de Derecho, igual que los Tribunales, y no “Facultad de Leyes”; todavía se conserva el rótulo; que nuestra función, para preservar la paz y la vida en sociedad , es velar porque impere el Derecho, siempre entendido como Justicia.

Fíjate , todavía recuerdo que las leyes medievales comenzaban diciendo que no valiesen las mismas en cuanto se opusiesen a la ley de Dios o a la ley natural y , sin embargo , ahora , muchos siglos después , se promulgan leyes antinaturales con consecuencias antagónicas con la instituciones más elementales. Creo, amigo, que en el reloj del Derecho hay atravesadas demasiadas llaves inglesas, demasiado sabotaje a la verdad. Te advierto que la injusticia siempre ha tenido un precio y , que, si no me equivoco, lo pagarán nuestros hijos, aunque algo nos va a tocar. Y es que, Ramón , al final siempre regresamos al principio, me refiero a lo de la eterna pregunta de Pilatos a Jesús : ¿Y qué es la verdad? Aunque amigo, tú y yo sabemos la respuesta.

(Todos los personajes de este relato y las consultas planteadas son ficticios , pero los hechos y las situaciones presentadas son o pueden ser absolutamente reales.)


AUTORES:

Galo Alfonso Oria de Rueda y Elía.
Marta Molins García-Atance.
Ambos Notarios.

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