Autor: Camilo Mendoza


A lo largo del último año se ha hablado mucho de la crisis económica. Opiniones van y vienen en todos los medios acerca de su causa. Se tiende a culpar al entorno económico, a los medios o a los instrumentos del mercado. Pero se olvida que tras el mercado hay personas, y son ellas las que tienen un comportamiento moral o inmoral. Por eso dice el Papa Benedicto XVI en su carta encíclica “Caritas in veritate” que “no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social” (n. 36).

 

¿Qué tiene que ver la Iglesia en un tema que es económico? El Santo Padre responde en la encíclica que “si esto afectase sólo a los aspectos técnicos de la vida del hombre, y no al sentido de su caminar en la historia junto con sus hermanos, la Iglesia no tendría por qué hablar de ello” (n. 16). Pero las condiciones actuales de la sociedad nos dicen que sí afecta al hombre.

 

Para lograr encontrar un camino, no sólo para salir de la crisis económica, sino también para asegurar un crecimiento estable, debemos estar seguros que se puede equilibrar la finalidad económica de las empresas con la ética a condición de que se tenga siempre presente el largo plazo.

 

Lamentablemente hemos comprobado las consecuencias del olvido de la ética. Escándalos surgen con frecuencia en el mundo de los negocios. La corrupción, hacer riquezas usando medios fraudulentos, la acentuación en forma dramática de algunos desastres de contaminación ambiental.

 

Tenemos que recuperar la fama del mundo de los negocios. Tenemos prisa para conocer lo que es posible hacer hoy. Sin embargo, nosotros mismos tenemos prejuicios contra la ética empresarial.

 

Por ejemplo creemos que la ética significa un desgaste económico muy fuerte para la compañía.

 

Pero olvidamos que la ética es una inversión. Como toda inversión, sus resultados son a futuro. Nuestra experiencia nos enseña que la empresa obsesionada con el corto plazo está condenada al fracaso. Pensar sólo en las ganancias inmediatas genera una situación de inseguridad estructural que da origen a actitudes antiproductivas. Y obtenemos un resultado totalmente opuesto al planeado.

 

"Es necesario que la ética sea vivida en grupo, pues cuando el individuo se encuentra en una institución que tiene de vértice a base una cultura ética, entonces le es mucho más fácil comportarse bien".

También decimos que la ética nos quita competitividad y nos pone en desventaja en el mercado.

 

A este respecto, Jean-Yves Naudet, profesor de economía en la Universidad Paul Cezanne de Marsella, Francia; y presidente de la Asociación de economistas católicos de Francia, el 21 de enero de 2010, en una entrevista concedida a la Agencia de Noticias Zenit, dijo que “se necesita un mercado de formas internas de solidaridad para crear confianza mutua. Esto es lo que ha faltado en la crisis actual”.

 

La ética genera confianza: aquello que tanto buscamos con las campañas publicitarias. Además la ética da prestigio a la empresa. Como sucedió con la compañía Johnson and Johnson en los años ’80. Después de descubrir una caja de Tylenol que contenía veneno mandó retirar el producto de las farmacias con un costo de 100 millones de dólares. El gesto fue apreciado por los clientes, que continuaron comprando la medicina una vez que pasó el peligro. Comprobando así la eficacia de la ética.

 

Alguien podría pensar: “Yo sólo cumplo con mi trabajo, pues los accionistas piden resultados eficaces. Además no es mi responsabilidad”

 

Tiene la razón: los negocios deben hacer dinero para los accionistas, pero en combinación con otros deberes. Además un director no puede hacer lo que los mismos accionistas tampoco pueden hacer. La ética y la responsabilidad hacia el bien común tienen que iluminar el objetivo económico de la empresa. Lo más delicado es que los afectados por la operación de las empresas son personas. El Papa recuerda, también en “Caritas in veritate” que “el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad: “pues el hombre es el autor, el centro y el fin de toda vida económico-social” (n. 25).

 

J. C. Collins y J. I. Porras, en su libro “Built to last. Successful Habits of Visionary companies”, aseguran que “los que están al frente de las compañías que perduran son hombres marcados no por la agresividad y el glamour sino por la modestia, humildad y tenacidad” (cf. Harper Business, New York 1997). Esta opinión refuerza la idea de que una empresa éticamente bien construida será más rentable a largo plazo que una empresa conducida por personas inclinadas a la ganancia rápida a cualquier precio.

 

Hace un año conocí un empresario que es el socio mayoritario de una armería. Me comentaba lo afectada que estaba la empresa por la crisis económica. A pesar de esto, se reunió con los demás socios para convencerlos de recapitalizar la compañía con aportes personales, con el objetivo de evitar el despido de empleados. Gracias a esto se mantiene como la líder del mercado, y se fortaleció internamente. Generó confianza en sus empleados y aumentó la productividad.

 

Es necesario que la ética sea vivida en grupo, pues cuando el individuo se encuentra en una institución que tiene de vértice a base una cultura ética, entonces le es mucho más fácil comportarse bien.

 

Muchas empresas han trabajado en la elaboración de un código de ética, con miras a crear una “cultura” ética en ellas. El código de ética del Grupo Bimbo de México se expresa al respecto de la siguiente manera: “El Código de Ética es el conjunto de normas que ha de observar aquél que pertenece al Grupo Bimbo. No es un conjunto de buenos propósitos sino la guía que debe regir en todas nuestras prácticas de negocios. (…) El Código de Ética requiere el compromiso personal de todos y cada uno de los integrantes de la organización para aspirar a ser reconocidos por una sociedad a la que nos debemos”.

 

Ahora bien, el empresario no trabaja sólo por la ganancia económica: ser empresario es una vocación. “Hay que rescatar la imagen del hombre de negocios”, dice Robert C. Solomon en su libro “Ethics and Excellence. Co-Operation and Integrity in Business” (cf. Oxford University Press, Oxford 1992). Los empresarios también trabajan con pasión, con dedicación y como servicio. La empresa y el empresario no son un problema, por el contrario, son el gran motor del proceso económico, y en sí son buenos.

 

Si queremos un mundo mejor no podemos prescindir del papel que puede y deben jugar la empresa y el empresario. El Libro Verde de la Comisión de las Comunidades Europeas del 2001 define la idea de responsabilidad como “la integración en forma voluntaria de las preocupaciones sociales y ambientales en las operaciones comerciales de las empresas y en sus relaciones con los stakeholders”.

 

No podemos pensar en resolver todos los problemas del mundo social. Pensemos en vivir éticamente en nuestras empresas, con “un amor inteligente; y una inteligencia llena de amor”, como dice el Papa; buscando, al mismo tiempo y en los mismos actos, la ganancia y el bien común. Algunos han sido llamados a ser empresarios. Ésta es una vocación que debe ser extendida a todo el grupo empresarial, tanto stakeholders como shareholders. No podemos olvidar que la ética es una inversión, que generará confianza mutua.

 

Los empresarios deben recordar el poder tan grande que tienen y que tendrán aun más con la globalización del mundo. A más poder, más responsabilidad se ha de esperar de ellos.