Autora: Norman Mendoza Alexandry

¿Necesitamos niños con menos logros. Necesitamos niños frustrados. Necesitamos niños con menor nivel académico e intelectual. Necesitamos niños con desórdenes sexuales. Necesitamos niños que carezcan de liderazgo y disciplina. Necesitamos niñas que sepan que pueden optar por ser varoniles y niños que sepan que pueden ser femeninos? Esto, científicamente es una posibilidad para infantes que han crecido con dos padres o dos madres.

 

Si a esto aspira el gobierno de la Ciudad de México, sus objetivos están a punto de cumplirse en los primeros días de marzo cuando entre en vigor, por ley, que dos hombres y/o dos mujeres se unan en ¿homomonio? y puedan formar una anti-familia disfuncional adoptando a un ser humano inocente en crecimiento, al que automáticamente se le privará de su derecho a crecer en un hogar con padre y madre a su cuidado.  Para esto, tuvieron que presentarse dos características:  la primera, no tomar en cuenta absolutamente ninguno de los estudios científicos internacionales sobre conocimientos, pruebas, cifras, observaciones del crecimiento de infantes en hogares con dos padres o dos madres, investigaciones, consultas, análisis psicológicos y resultados.   Y en segundo lugar, no tomar en cuenta el parecer de la mayoría de las personas en este país, quienes están en desacuerdo con el experimento social (en encuesta del periódico El País, 67% se oponen a la adopción-gay debido a que constituye un peligro para la sociedad).

 

Veamos primero qué está sucediendo internacionalmente. Las tendencias anti-familia no se advierten únicamente a nivel del Estado.  Las recientes conferencias de las Naciones Unidas han puesto en tela de juicio el sentido tradicional de la palabra familia. Sobre todo, después de Pekín (Beijing, 1995), la ONU se las ha ingeniado para emplear la palabra familia para designar a toda suerte de uniones consensuales: uniones homosexuales, lesbianas, ¿familias? reconstituidas, ¿familias? monoparentales masculinas o femeninas a la espera de uniones incestuosas o pedofílicas. Múltiples reuniones organizadas desde 1995 por la ONU y sus agencias (entre ellas FNUAP, OMS, Banco Mundial, PNUD, etc.) revelan el papel nefasto que juega esta organización y sus ONG satélites en cuanto a la familia se refiere.

 

Ello a propósito de una distorsión del sentido de la palabra familia. Esta palabra se ha vuelto equívoca, sus significados fluctúan al compás de los intereses en juego.  Por el individualismo del que están imbuidos los llamados ¿nuevos derechos humanos?, la ONU pone una trampa a la institución familiar tradicional. Así, cuando la ONU, bajo la locución ¿orientación sexual? aboga para que, por ejemplo, una pareja de homosexuales se beneficie del apelativo de ¿familia?, se está haciendo eco de los deseos individuales de los miembros de la pareja. Pero estos miembros de ninguna manera están haciendo que exista una realidad social nueva; no instituyen una familia, ni siquiera tienen ellos mismos capacidad alguna para trasmitir la vida.  Se ha extenuado a la institución familiar fomentando la libertad desbocada de los individuos. Y esto es lo que México D.F. ha hecho realidad.

 

Apenas en el verano del 2009, el Comité de las Naciones Unidas que monitorea el Convenio sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR) proclamó la reinterpretación del tratado para que incluyera que la ¿identidad de género? y la ¿orientación sexual? son nuevas categorías de no-discriminación y que las naciones son orientadas por la ley internacional a reconocerlas. En diciembre del 2009, delegaciones pro-homosexualidad intentaron retener la referencia a esta interpretación denominada Comentario General 20 en una Resolución en las Naciones Unidas.  

 

Iraq, líder del grupo árabe se opuso a esta propuesta de Resolución e hizo un llamado para que se suprimiera, ya que dijo--, intenta introducir polémicos conceptos de orientación sexual e identidad de género.

 

Ninguno de estos términos habían sido incluidos en derecho internacional y por tanto, deberían ser excluidos, sin embargo, México, junto con otros países pro-homosexualidad y en contra del consenso árabe, apoyó y votó a favor de incluir estas nuevas categorías. Afortunadamente organizaciones pro-familia habían presionado en contra de este Comentario y finalmente la votación fue de 76 votos a favor de la eliminación de la Referencia, 72 en contra y 26 abstenciones.

 

En una crónica (cf. Gracía Pimentel, F. How Mexico has become,  Mercator Net, Feb. 2010) leemos que con la llegada del Partido de la Revolución Democrática a la Ciudad de México en 1997 se inclinó el poder a la izquierda, de raíces marxistas. Este, junto con el feminismo radical, ponen en juego los conceptos de familia y matrimonio. Entre el despliegue de expresiones positivas tales como derechos humanos, Igualdad, libertad, los oponentes usan epítetos como discriminatorio, intolerante, extrema derecha y aún medievales a quienes apoyan a la familia tradicional, de este modo grupos de izquierda ganan la guerra de las relaciones públicas.

 

Un importante Simposio recientemente efectuado en la Ciudad de México: Adopción homosexual. Lo que la ciencia ha descubierto, organizado por el Instituto Mexicano de Orientación Sexual Renacer, el cual invitó a un renombrado psiquiatra, el Dr. George A Rekers, profesor de Neuropsiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Escuela de Medicina de la U. de Carolina del Sur, E.U.A., experto tanto en el tema de la homosexualidad como en el de niños adoptados, quien explicó ampliamente tres puntos dignos de ser considerados:

 

1.    La naturaleza y estructura inherente de hogares con adultos con comportamiento homosexual, pone en peligro inminente a niños adoptados a niveles de stress o angustia dañina sustancialmente más altos que la tensión normal que experimentan cuando son adoptados en hogares heterosexuales.

 

2.    Las relaciones de parejas homosexuales son significativa y sustancialmente menos estables y de menor duración en promedio que las de un matrimonio entre hombre y mujer, por tanto, inevitablemente contribuyen a una tasa más alta de transiciones o cambios en los hogares de adopción con un adulto de comportamiento homosexual.

 

3.    La estructura inherente de los hogares de cuidado temporal de niños adoptivos con uno o más miembros con comportamiento homosexual, priva a los infantes de que reciban una contribución positiva vitalmente necesaria para el ajuste en su crecimiento, lo que solo se presenta normalmente en hogares heterosexuales de adopción (contribución conjunta de madre y padre en su crianza).

 

Individuos con comportamiento homosexual, han sido repetidamente encontrados con significativa y sustancialmente más alta prevalencia de desordenes psiquiátricos y abuso de sustancias en estudios con muestras cuantitativas de la población adulta.  Si los niños son colocados en estos hogares, los infantes adoptivos serán expuestos a niveles muy altos de stress con el impacto de tasas más altas de desordenes psicológicos (ideas suicidas, intentos suicidas, suicidios, violencia, abuso de sustancias y VIH/SIDA por parte de los adultos con comportamiento homosexual  (Campbell et al., 1980).

 

En Europa, el renombrado Dr. Aquilino Polaino, médico en Psiquiatría por la Universidad Complutense de Madrid, Presidente de Educación Especial de la Sociedad Española de Pedagogía, entre otros títulos y cargos, con más de treinta años de experiencia en homosexualidad, en un artículo denominado Padres homosexuales ¿Un futuro cercano? (cf. Rev. ISTMO, 2008) afirma que para conocer el asunto de adopción por homosexuales, es necesario saber qué es adopción, sus causas e implicaciones. Afirma que el niño(a) necesita de estímulos para realizarse como un adulto normal, difíciles de encontrar fuera de la familia. Ningún animal nace ni biológica ni psicológicamente tan inmaduro como el ser humano; esta inmadurez inicial es lo que posibilita su mayor riqueza y fortaleza, ser libre.

 

La adopción nace de esta indigencia humana; un niño debe crecer en el sentido más vasto de la palabra y este desarrollo no está condicionado sólo por factores biológicos, sino culturales, sociales y familiares. La adopción es necesaria en sociedad pues si el niño no posee una familia, no aprende ni siquiera a hablar y sin esto, su inteligencia se empobrece.  ¿Cómo llega un hijo a cumplir ese fin para el que se adopta?  A través de configurar su vida, es decir, por medio de la exposición de modelos en su entorno, de la acción educativa, del modelamiento del comportamiento en la interacción con la conducta de los padres. Ese es el para qué de la adopción.

 

Aunque una pareja homosexual elige su preferencia sexual, no es capaz de engendrar hijos porque dada la naturaleza de esa relación no le corresponde y eso niega toda posibilidad de adopción.  Es como si al ver pasar al vecino en un carro Cadillac yo exigiera, por vivir en la misma colonia, que el Estado me diese un Cadillac. De aquí se deriva una normalidad forzada basada en un afán contra la discriminación, muy de moda en la actualidad: se presiona a la administración pública, al gobierno, a partidos políticos a que se declaren iguales homosexuales y heterosexuales. Esta normalidad forzada, pretendida, supuesta, es artificiosa.

 

La ley no puede obrar a favor de los más fuertes y en contra de los más débiles, si no, se convertiría en la antítesis del Derecho. En el fondo, el movimiento gay defiende su identidad de género, exige respeto a su homosexualidad. Pero también se ha visto que el adoptado es el más indefenso en la relación con el adoptante, que debe gozar por derecho de un ambiente que le permita ser libre y la identidad de género de un niño(a) no es negociable.

 

Los homosexuales que pretenden adoptar se escudan tras el niño para que sociológica y públicamente se piense que esa pareja ha constituido una familia, cuando no lo es.  Tan solo se trata de la complacencia de sentirse como los demás. Tolerar que se transgredan los derechos de los más débiles nos convierte en animales. Los niños tienen el derecho de vivir en una familia que les garantice que su identidad de género no va a ser violentada de ninguna forma. Cuando esto no es así, se atenta contra el derecho y la sociedad.

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