El pasado miércoles 25 de enero, el Ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón presento su plan de legislatura en el Congreso de los Diputados.

Entre las medidas que anuncio se encuentra la reforma de la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, con el fin de exigir el consentimiento paterno en relación a las menores y defender el derecho a la vida en los términos ya definidos por la doctrina del Tribunal Constitucional.

Se trata de una reforma legislativa parcial que la sociedad civil le venía exigiendo al PP antes de acceder al Gobierno, como finalmente ocurrió en las elecciones del pasado 20 de noviembre.

Se puede decir, de lo expuesto anteriormente, que lo que pretende el Gobierno de Mariano Rajoy en este asunto es volver a la ley de 1985 por la que se despenaliza el aborto en determinados supuestos.

La cuestión es la siguiente ¿Queremos una ley en la que el aborto se plantea como un delito despenalizado en algunos supuestos?, ¿Queremos una ley de plazos, en virtud de la cual una mujer puede abortar libremente dentro de las 14 primeras semanas de gestación y hasta las 22 semanas en caso de riesgo de anomalías fetales o riesgo para la vida o salud de la embarazada? o directamente ¿Queremos que no exista ninguna regulación del aborto puesto que entendemos que se trata de una lacra que supone la perdida de miles de vidas humanas cada año en nuestro país?

Como siempre nos encontramos con posiciones encontradas en este sentido y lo cierto es que se hace difícil tomar una decisión.

La realidad es que ley actual entró en vigor el 5 de julio de 2010 y que ese año abortaron en España 113.031 mujeres, un 1,3% más que en 2009.

Si nos vamos a EE.UU., desde la conocida sentencia Roe vs. Wade, se han producido la nada despreciable cifra de 54 millones y medio de abortos.

En mi opinión el aborto es un mal de nuestra época. En occidente vivimos tiempos difíciles en los que apenas se habla de la importante crisis demográfica que estamos viviendo, auspiciada fundamentalmente por el poco respeto que se tiene a la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural y a la dignidad de las personas.

Quiero creer que más temprano que tarde nos daremos cuenta de lo que estamos haciendo, y así como la esclavitud fue abolida, el aborto también lo será, ya que por encima de toda debe estar el derecho a la vida, principal derecho fundamental.

  
Juan Sebastián Morales Gámez.
Presidente de la Asociación Juvenil “Constitución y Libertad” de Jaén.