Algunas reflexiones sobre el proyecto de nueva ley del aborto.

publicado a la‎(s)‎ 2 ene. 2010 15:07 por Tomás Moro
Autora: Laura Martí

La interrupción voluntaria del embarazo es una cuestión compleja y delicada desde todos los puntos de vista, no sólo el humano y por eso hay que abarcarla de manera amplia, sin que ninguna de sus múltiples implicaciones quede al margen.

Se trata de plantear qué queremos o qué necesitamos, si un modelo de ley restrictivo, como el irlandés, o uno excesivamente permisivo, como el holandés en que se fija el Gobierno. Quizás, la solución más justa y más fácil de consensuar, sea la de presentar como alternativa una mejora de la ley vigente luchando contra el fraude que supondría el cuarto supuesto. Todo ello acompañado de gráficos, datos claros, confesiones personales e imágenes que queden en la retina y muevan el corazón de las personas, más allá del frío sentido de las palabras que conforman los textos normativos.

Destacaría ante todo consideraciones humanas: antropológicas, consecuencias físicas y psicológicas del aborto. También reflexiones filosóficas, jurídicas y espirituales: de fe. Y, por qué no, argumentos económicos, entre los que incluyo el cambio demográfico, el aumento del gasto público que para las ya exiguas arcas del Estado, supondría la financiación de estas operaciones, de juicios contra los sanitarios que quieran objetar, o para sobrellevar el aborto y las taras que lo acompañan después…

Así:

1º) Desde el punto de vista antropológico:

        El aborto es, con mucho, el mayor de los errores y horrores de la humanidad. Interrumpir unilateralmente el desarrollo de una vida en cualquier situación de la misma, esto es, en su desarrollo, desde el mismo momento de su concepción hasta su extinción natural, es oponerse a su propia legitimidad; es convertir el proyecto de la vida en un producto equiparable a un bien material más. Se manufactura la vida y la perversión del aborto es entregada a la voluntad de los verdugos.

        La mujer embarazada es depositaria de un bien supremo que custodia en su vientre, la vida que progresa, pero nunca su causa ni su origen

, ni siquiera su suerte depende plenamente de la madre. Nadie crea o fabrica su propio oxigeno. El valor indescriptible de ser madre reside fundamentalmente en la protección de sus hijos, desde su concepción hasta, al menos, su independencia.  

      El amor, sentimiento intrínseco al proyecto y desarrollo de una nueva vida, está ausente en quienes justifican el aborto; son incapaces de experimentarlo y lo sustituyen por el placer físico y el disfrute esporádico. Recurren al victimismo de las mujeres ante el dilema, en circunstancias concretas, de convertirse en madres y reclaman comprensión hacia las mismas sin atribuirles responsabilidad alguna (la penitencia, lo saben, viene dada después).

        Su contradicción es tan absoluta como su inexplicable conveniencia. Por un lado, lamentan hipócritamente el hecho del aborto (ninguna mujer quiere abortar, proclaman) y, por otra parte, exigen ciegamente su práctica conociendo sus durísimas consecuencias, sobretodo psicológicas; sus frentes son varios, animan a los adolescentes a pisar el acelerador de la vida sin respetar las limitaciones del trayecto para luego fundamentar el atropello del inocente “que no tenía por qué estar ahí”. Los engañan para que, llegado lo inevitable, descarguen su propia vulnerabilidad en el más débil ofrendando su miedo a la muerte, su ídolo, con el sacrificio del inocente. Incomprensible.   

     La naturaleza dotó a la mujer para procrear y asegurar la especie con independencia de sus intenciones y circunstancias, lo cual, vistas las impresionantes estadísticas de abortos consumados, se me presenta en estos oscuros tiempos que corren como una temeridad, no hay otra, pero la capacidad de razonar, que nos distingue del resto de las criaturas, nos hace también dueños de nuestros actos que terminan finalmente descansando sobre las conciencias. En el mundo sólo existen dos tipos de personas con todas sus virtudes y sus vicios: los que creen y los que no, o más certeramente, quienes temen a Dios y aquellos que sólo se tienen en cuenta a sí mismos.

2º) Desde el punto de vista jurídico:

Mientras que la Ley del Aborto de 1985 fue fruto de ponencias técnicas y trató, fundamentalmente, de lograr un punto de equilibrio entre el derecho del feto a desarrollarse y el derecho de la madre a preservar su salud física y psíquica (de ahí que sólo se despenalizaran tres supuestos: violación, graves malformaciones del feto y peligro grave para la vida o salud de la mujer), el nuevo texto que pretende impulsar Moncloa defiende exclusivamente el supuesto "derecho" de la madre a decidir libremente si quiere o no seguir con la gestación y, en consecuencia, carece de las implicaciones jurídicas y sanitarias de la anterior normativa.

Este carácter meramente político que se le quiere dar a la nueva Ley del Aborto, en el contexto de las pretendidas medidas igualitarias

que las enfermas mentes de Zapatero, De la Vega y Bibiana Aído no cesan de elucubrar, supone el desconocimiento del elemento básico que cualquier norma de este tipo debe considerar: la existencia de una vida humana digna de tutela jurídica, sobre todo, cuando ésta es más necesaria: en su mismo inicio.

La vigente Ley del Aborto, con su sistema mixto de causas y plazos, tiene indudablemente vacíos (como la imposibilidad de abortar si las malformaciones del feto se descubrían después de los 22 meses de gestación, como es frecuente). Sin embargo, estos defectos podían corregirse con una reforma meditada y consensuada del texto vigente, sin necesidad de redactar una nueva ley que, además de insatisfactoria, es profundamente injusta al establecer únicamente un sistema de plazos de modo que la madre pueda decidir libre (y caprichosamente) si desea o no tener a su hijo.

Me opongo radicalmente a aquellos que opinan que este nuevo sistema promueve una "maternidad responsable". Antes al contrario, habida cuenta de la multitud de métodos anticonceptivos hoy existentes, es evidente que la mujer que queda encinta es porque así lo ha querido o lo ha podido prever y, una vez que ha dado vida a un nuevo ser, ya no es libre para decidir sobre su nacimiento definitivo o su muerte prematura, siendo precisamente su responsabilidad la de procurar que ese hijo tenga la oportunidad de abandonar vivo su vientre.

La iniciativa del PSOE se me antoja otra medida parecida a la "píldora del día después" que ya ha demostrado para lo que sirve: para que miles de insensatos jóvenes mantengan libremente relaciones sexuales con la tranquilidad de que el Centro de Salud más próximo les proporcionará gratuitamente una pastilla anticonceptiva. No me parece que esta sea la manera de promover una sexualidad ni una maternidad responsable.

Por lo demás, ni De la Vega ni Aído son las personas más adecuadas para sentar las directrices de una nueva Ley del Aborto. La Ministra de Igualdad, más concretamente, está resultando ser el mayor fiasco del último gabinete de ZP. Es realmente escalofriante que una joven bastante mediocre, con una carrera profesional prácticamente inexistente, y cuya única "experiencia" política haya tenido lugar en la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco (cosas de esta desafortunada Andalucía nuestra) sea la encargada de presidir la comisión redactora del anteproyecto de Ley del Aborto, una norma que decide sobre la vida o la muerte de seres humanos y que, en cualquier caso, precisa mayor consenso y altura de miras de los que el gobierno socialista es capaz.

        Por lo demás, por sus implicaciones jurídicas, me ha parecido también interesante un comentario del diputado popular Jaime Ignacio del Burgo en su blog de la COPE que trata precisamente sobre este aspecto analizando la jurisprudencia de nuestro Tribunal Constitucional y que concluye lo siguiente:

        “El aborto no es un derecho constitucional de la mujer. La Constitución española protege la vida del “nasciturus” en virtud de lo dispuesto en el artículo 15 que proclama que “todos tienen derecho a la vida”. El Estado tiene el deber de adoptar las medidas que sean precisas para garantizar el derecho a nacer. Así lo declaró el Tribunal Constitucional en su sentencia de 11 de abril de 1985:

“El art. 15 de la Constitución establece que «todos tienen derecho a la vida». La vida es un concepto indeterminado sobre el que se han dado respuestas plurívocas no sólo en razón de las distintas perspectivas (genética, médica, teológica, etc.), sino también en virtud de los diversos criterios mantenidos por los especialistas dentro de cada uno de los puntos de vista considerados, y en cuya evaluación y discusión no podemos ni tenemos que entrar aquí”.

Finalmente, habría que ver si con la nueva ley se obligaría incluso a médicos o sanitarios pro-vida a practicar o participar en abortos, bajo la amenaza de perder o ser removidos de sus trabajos (algo similar a la persecución de aquellos jueces que se han negado, por motivos de legítima conciencia, a refrendar matrimonios entre homosexuales o la adopción de niños por parejas del mismo sexo).

3º) Desde el punto de vista filosófico:

"The truth is, politics and morality are inseparable. And as morality's foundation is religion, religion and politics are necessarily related.

We need religion as a guide”
. Ronald Reagan dixit.

Decía también otro personaje ilustre, G. K. Chesterton, que “si un cataclismo destruyera nuestra civilización, con toda probabilidad habría algunos supervivientes: microorganismos como las bacterias, mamíferos como las ratas y una institución como la familia”…

  La consideración a la dignidad de la vida humana se ha resentido gravemente, además, a partir de que se abriera la veda, el pasado 22 de octubre cuando el Parlamento británico votó a favor de una ley laborista que liberaliza todo tipo de prácticas biomédicas con embriones, incluyendo la clonación, la creación de híbridos humano-animal, la fabricación de "bebés medicamento", el uso de tejidos de disminuidos psíquicos para crear clones con ellos etc...

  Por otra parte, ante las incesantes reflexiones que se están planteando para abrir el concepto de familia a nuevas "modelos" de padres e incluso de hijos (inquietante perspectiva del cambio de las bases mismas que nos han sostenido hasta hoy), pensaba que huérfanos de una razón iluminada por la fe, y eliminada toda referencia al “sentido común”, a la llamada interna de la conciencia o de la humanidad

¿Qué queda fuera del capricho temporal? ¿Qué fundamento damos a la estabilidad del ser humano? ¿Qué o quién protegerá su vida embrionaria o de adulto?… ¡Nada ni nadie!...

Los parlamentarios, los gobiernos de España, de Europa, los “progresistas” de todo el planeta se han propuesto legislar ¡contra el sentido común!, que es otra manera de decir que actúan ¡contra el hombre mismo!...

  No es de esperar que se encuentre así ni felicidad ni paraíso, sino esclavitud, tristeza y conflicto.

  Pero venden, y lo hacen bien, que el final de su proceso es la paz..., paz que no llega por el precio tan alto que se ha de pagar en el trayecto: la dignidad de la vida humana es lo que está en juego, ni más ni menos...

        Son, sencillamente, como dice Benedicto XVII, sembradores de la cultura de la muerte. Y recolectores de los "frutos" de tanta negación. Se están perdiendo los valores, como el respeto, la responsabilidad social, de las que se alimenta el país, sus instituciones, sus comunidades y familias... Se está tratando de configurar por ley, las relaciones humanas desde el punto de vista del individualismo, materialismo, y hedonismo, en una sociedad Sin Dios, en las que el hombre como protagonista exclusivo, se guía sólo por las preferencias del momento, dejando de lado la razón y la fe... Hasta que veamos sus nefastas consecuencias.

         Y mientras, España, Europa les sonríe...

Otras posibilidades: promover la adopción. Es la alternativa de la Red Madres, que funciona bien en Madrid y Valencia.

Otros argumentos:

- El fracaso de la Ley de Violencia de Género tuvo su origen (a pesar del consenso con el que se aprobó y que no existiría en este caso, dado el disenso social y político que hay sobre la materia) en las prisas con que a causa de la alarma social se elaboró y se ha agravado por la falta de medios o la mala aplicación de éstos en la dirección realmente correcta: cambiar la mentalidad social, con una educación libre de odios, prejuicios y responsable en el ejercicio de los derechos.

En el caso del aborto no habría consenso, y se propiciaría la ruptura del equilibrio a que se llegó, al menos, con la ley vigente, dejando fuera de la escena a la víctima inocente de las consecuencias de los actos de los demás (el hijo) que no tiene voz ni garantizada su existencia, su derecho a la vida y a la integridad física, (art 15 CE), ni se tiene en cuenta la figura y el consentimiento del marido o pareja que quisiera abortar. Se otorga pues una libertad absoluta. Nada hay mejor para enseñar dado que “las palabras conmueven pero es el ejemplo el que arrastra”, que apoyar una libertad responsable desde el principio, y sin que al final, les libremos por esta ley, de la responsabilidad que conllevan sus actos, así ¿qué clase de mensaje mandamos a la sociedad?: el de haz lo que quieras, aunque no respetes los derechos de las otras dos personas involucradas y aunque sea en detrimento de todos, el Estado, tú misma, y los miembros de la familia que hubieras podido formar.

- La falta de igualdad, que sólo está presente en el nombre de la titular del Ministerio encargado de la Comisión sobre la futura ley del aborto, pero no en la composición de la comisión, (además de que la “responsable” no tiene la preparación ni la experiencia requerida).

- La falta de transparencia que está habiendo para preparar el anteproyecto, impropio de un Democracia, en la que los acuerdos se adoptan con luz y taquígrafos en el Parlamento.

- Las sensatas aportaciones

de D. Alejandro Navas, profesor de sociología de la Universidad de Navarra, publicadas en www.homeargumentsblogspot.com, el jueves 24 de Octubre de 2008, sobre la perversión del lenguaje, y el primado de la racionalidad económica. También es destacable la opinión de Robert Spaeman sobre la barbaridad de que un hombre pueda decidir sobre la vida de otro, o el poco espacio que los medios españoles dedican al tema del aborto en España. Y en un reportaje emitido el 14 de junio por France 2 –precisamente sobre abortos en el octavo mes de embarazo realizados en España- Simone Veil tiene la gallardía de reconocer: "Cada vez es más evidente científicamente que desde la concepción se trata de un ser vivo". Hoy ya no tiene sentido que mujeres proabortistas salgan a la calle con una pancarta en la que se lea. "Mi cuerpo es mío". Está claro que el embrión no es una especie de quiste o grano en el cuerpo de su madre. Lo reconoce claramente el titular del artículo publicado en El País (31 de diciembre de 2006, p. 47): "La nueva arma contra el aborto se llama ecografía. Antiabortistas de EE UU instalan clínicas 'trampa' junto a centros de interrupción de embarazo para disuadir a sus pacientes".

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Al poner plazos a la vida, al acortar su duración, se retrocede en el camino del respeto a los derechos de los demás, se quita todo atisbo de esperanza, y al igual que se pone un precio a la intimidad, también se le pone un precio a la vida, convirtiéndola en una mercancía, como un yogur, que caduca incluso a meses vista (no sólo en tres meses como se propone, 22 semanas).

En definitiva, la iniciativa del PSOE para liberalizar el aborto nos invita a embarcar de nuevo en el Titanic, transatlántico con una vida de lujo, que pone los motores (en pleno rodaje por su juventud) a toda marcha, a pesar de las dificultades que en forma de Iceberg nos podemos encontrar en el camino… La historia ya sabemos cómo acaba.

Convendría analizar por último, si la pirámide demográfica sigue invertida…, con leyes como ésta, no se promueve la natalidad ni la esperanza en los que en el futuro sostendrían un sistema de pensiones de un país envejecido…